Archivo | mayo 2012

ANCIANA CON GABARDINA, ARLÉS

Las sortijas bailan en sus dedos temblorosos

mas los nudillos hinchados les impiden escapar

fuera de las manos sarmentosas, consumidas.

La montura arlequinada de sus gafas un día fue la última moda,

eran buenos tiempos y ella no quiere cambiar:

se ve como antes, a los dieciocho.

El yogur con cereales matutino presta buena conciencia alimentaria que le dura a la anciana todo el día

y por eso ya no cuentan

las pequeñas infracciones: mantequilla en los cruasanes y el chocolate con nata.

Huyendo de los tristes andadores

que huelen a claudicación maldita,

se refugia en el bastón o se apoya en el brazo de una amiga.

Omnipresente el paraguas, junto al bolso, acecha las gotas gruesas de la nube más cargada.

-Para la bruma, un pañuelo de cabeza o un sombrerito impermeable-.

Es necesario escoger una a una las naranjas en el mercado,

son caras

y vienen desde muy lejos.

La sopa de pollo al anochecer conforta

como el sillón resobado y la rutina de las voces estridentes que surgen del altavoz

del televisor que reina en el salón de la anciana.

Pilar Monedero-Fleming

@MonederoFleming

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Viento marino Pilar Monedero-Fleming @MonederoFleming

Mascarón de proa de un barco fantasma.         

Gárgola gris.

Se perfila orgulloso contra un fuerte viento

ni una sola de sus plumas tiembla

vigilando

la paciencia infinita de los miles de ahogados

-carne quieta de naufragios-

que se entreven bajo el agua, enredados en algas,

                                                 en los pecios hundidos.

Ese viento terrible es un canto de náufragos   

mil veces recordados y otras mil olvidados.

Mil veces llorados y otras mil desdeñados.

Entre sus huesos se deslizan peces y tortugas.

Florecen venenosas anémonas marinas

en sus  verdosos coxis de terciopelo.

Diminutos alevines entran

y salen

de las órbitas de sus calaveras fluorescentes.

Y un llanto unánime se confunde

con el ritmo constante de las olas.

La gárgola gris ve, siente, escucha todo

y llora lágrimas de viento huracanado.                                

Pilar Monedero-Fleming @MonederoFleming

lagartijapresumida

                                   Se puede hacer mucho daño con las palabras, especialmente a personas frágiles como rosas anfibias, con autoestimas  en formación o  mal formadas, propicias a ser heridas.

La percepción de sí mismas es en ellas delicada e inestable. Susceptibles e inseguras se miran mucho –demasiado- en la opinión ajena.

Y la opinión ajena es a menudo un espejo deformante, como los descritos por Valle-Inclán.

Existe una opinión social. Unos modelos, no sólo aceptados, sino considerados deseables. Que devienen en metas, objetivos para niñas y muchachas más frágiles e sensibles y vulnerables.

Así, se obsesionan con auto moldearse a cualquier precio para caber dentro de los modelos propuestos. Eso pasa a ser el centro de su existencia anulando todo lo demás, reduciendo su vida a los límites de la propia apariencia como objetivo devastador. Estación de partida hacia los trastornos alimentarios: anorexia, bulimia.

La presión social es…

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BIBLIOTECA PERSONAL: FRÁGILES COMO ROSAS ANFIBIAS… Pilar Monedero-Fleming

                                   Se puede hacer mucho daño con las palabras, especialmente a personas frágiles como rosas anfibias, con autoestimas  en formación o  mal formadas, propicias a ser heridas.

La percepción de sí mismas es en ellas delicada e inestable. Susceptibles e inseguras se miran mucho –demasiado- en la opinión ajena.

Y la opinión ajena es a menudo un espejo deformante, como los descritos por Valle-Inclán.

Existe una opinión social. Unos modelos, no sólo aceptados, sino considerados deseables. Que devienen en metas, objetivos para niñas y muchachas más frágiles e sensibles y vulnerables.

Así, se obsesionan con auto moldearse a cualquier precio para caber dentro de los modelos propuestos. Eso pasa a ser el centro de su existencia anulando todo lo demás, reduciendo su vida a los límites de la propia apariencia como objetivo devastador. Estación de partida hacia los trastornos alimentarios: anorexia, bulimia.

La presión social es fuerte, pero mucho peor es la presión del entorno. Más poderoso cuanto más próximo.

                                                                                     Hace más daño una frase desafortunada: << ¿has engordado!>> o <<qué guapa te veo; tan delgadita>>, dicha por alguien cercano, que cien desfiles de modelos esqueléticas.

Quienes hacen esos comentarios, bienintencionados o no tanto, los suelen olvidar de inmediato; no así el objeto de la observación, que le dará mil vueltas en el magín a la opinión expresada por la madre, el amigo o la vecina, para, al fin y a la postre, encontrarse fatal: si le han dicho gorda, malo, si delgadita, malo también. En ambos casos la frágil autoestima interioriza, bien que ha fallado no respondiendo a lo que se espera de ella –está gorda-, bien que debe conservar su alabada condición –la delgadez- a cualquier precio. En los dos supuestos desembocará en lo mismo: fingida inapetencia, vómitos en el lavabo, obsesión por la báscula y locura ante los espejos.


Los trastornos alimentarios, enfermedades graves y en muchos casos con resultado de muerte, son una epidemia social cuyo número de afectados crece en progresión alarmante. Como en todo, lo mejor es la prevención. Y quizá a veces consista en algo tan sencillo como hablar –o no hablar- con la suficiente sensibilidad a quienes son <<frágiles>>.

Y, casi siempre, estas intocables rosas anfibias, son mujeres.

Pilar Monedero-Fleming @MonederoFleming

Escribir poesía

Escribo poesía, aunque a veces duela, porque es la mejor manera de escribir sin pudor, sin tener vergüenza del hecho de escribir o de lo escrito (a no ser que la poesía sea muy mala). Y los que la leen –quienes tienen el arrojo de leerla, de realizar una práctica tan minoritaria- perdonan el impudor, la desnudez de la poesía, y hasta lo valoran, de una forma que no harían, quizá, en otro tipo de manifestaciones. Y en cuanto a los que no leen poesía, que son mayoría, evidentemente, a esa multitud le trae al pairo lo que digan los poetas.

Por eso (y pese a eso) yo soy reincidente

En este mundo de sensaciones prefabricadas, prestas para ser consumidas lo más pasivamente posible, la poesía es poco espectacular, y para colmo de males, requiere una voluntad activa de comprensión, y de disfrute o sufrimiento según los casos, por parte del lector. 

Tomamos ese taxi en la ciudad, frente a la costanera sin pensar…”

Mirábamos los barcos navegar y parecían juntarse con el mar…”

Seguramente hay más poetas que lectores de poesía. Eso lo sabemos muy bien quienes escribimos y publicamos poemas, no somos tan tontos ni tan ilusos. Porque la poesía es, como dijo aquel clásico tras publicar un tomito de poemas, “el único secreto que todo el mundo le guardó. Sabemos que pocas cosas son tan íntimas –y solitarias- como escribir poesía, y que la lean otros, aunque no sean muchos. Representa un difícil ejercicio de desvergüenza –en el mejor sentido de la palabra- por parte de los poetas. Porque muchos de nosotros no escribimos realizando una práctica estética, ni deleitable siquiera, sino sometiéndonos a una catarsis necesaria. Un proceso irremediable, un destino ineludible que muchas veces se parece bastante a sembrar fresas en el desierto o arar en las aguas. Pero a los poetas nos da lo mismo, somos así de raros.

LA ROLDANA

          Luisa Ignacia, LA ROLDANA  

ESCULTORA DE “EL HECHIZADO”

   

           

>>La storia se fa e rifá tutti i giorni.

N. Jonard

La vita a Venezia in il XVIII siécolo

Mi fascinación por La Roldana empezó hace muchos años, cuando en El Escorial quedé traspuesta ante su San Miguel Arcángel aplastando al Diablo. Pocas esculturas, por no decir ninguna, habían despertado en mí tantas y tan fuertes emociones. Contemplarla me sumió en un trance del que mis acompañantes tuvieron que arrancarme con cierta brusquedad.

Confieso que hasta ese momento escaso era mi conocimiento acerca de esta gran escultora, Luisa Ignacia Roldán, ignorada por la mayor parte de los libros de historia del arte o reducida a una nota a pie de página, poco menos que proscrita como una suerte de artista menor. Una imaginera, conocida sobre todo por sus Belenes y Nacimientos.

Es valiosa excepción el breve y enjundioso estudio de Maria Victoria García Olloqui, que si bien aporta datos biográficos fundamentales acerca de La Roldana se decanta más por documentar la producción artística de Luisa Ignacia, dejando claro que existe cierta oscuridad que envuelve la biografía de la artista, sombra que se vuelve incertidumbre e ignorancia en lo que se refiere a sus últimos años de vida y, especialmente en lo que a su muerte concierne.

Pese a todo, nadie le puede quitar un peculiar y extraordinario honor póstumo a nuestra escultora; fíjense bien, uno de los sillares que flanquean la entrada al Museo del Prado lleva tallado su nombre: Luisa Roldán de Mena. Y dado que el Prado es una pinacoteca, y ella no hizo en su vida sino esculpir y tallar ¡enormes debían ser su fama y prestigio para ser imprescindiblemente inmortalizada en piedra entre los más grandes de entre los grandes, así fuesen pintores!

Indagando sobre su persona y obra me percaté de que datos y referencias eran escasos, breves y parciales, así como en su mayoría dudosos y poco o nada contrastados. Paulatinamente fui cosechando y verificando informaciones fragmentarias como quien recoge hilos para tejer un tapiz o teselas para componer un mosaico.

En mi paciente recolecta hubo un momento de inflexión en que las piezas, antes dispersas empezaron, acelerada y prodigiosamente, a encajar unas con otras, y los fragmentos revelaron, como linternas mágicas, realidades completas.

Y, lo que es más, ocurrió que un día me encontré metida yo misma metida dentro del tapiz o el mosaico que tan trabajosamente componía, como si fuese cosa de brujería o encantamiento. 

A medida que escribía acerca de la vida de Luisa Ignacia Roldán, se me representaba estar en los lugares que los personajes del relato habitaban y visitaban, escuchaba sus pláticas y compartía sus sentimientos y pensamientos. Hasta tal punto que empecé a experimentar en carnes propias sus penas y dolencias, como en un peculiar fenómeno de posesión histórico literaria.

Y en ésas anduve, como viviendo a caballo de dos tiempos –el de la escultora y el mío- hasta que por fin, y muy trabajosamente, pues me dolía despedirme de ella, puse punto y final a la historia de su vida, que ahora presento en honor a su memoria, a la de Luisa Ignacia Roldán de Mena, como estraodinaria artista y como mujer

P. MONEDERO-FLEMING   @MonederoFleming

Escucha llegar la noche

Escucha, la oscuridad llega.

Avanza

pasito a paso.

Se mueve

tras el escudo de plata

del crepúsculo lejano.

    Camina y fluye

con mentiras de tibieza

que ocultan

el centro congelado de lo oscuro:

un núcleo tranquilo y quieto, esperando a derramarse

sobre árboles y piedras.

Acurrúcate y escucha.

Escucha  llegar la noche

suave e inevitable.

Fuera de la ciudad                           

donde no la espantan luces                                               

y donde no se despeña

en los abismos del hueco

de los callejones sucios

en los que sólo los gatos captan su falsa tibieza

-con el centro congelado-

donde no se haga jirones

enredándose en los cables.

Escucha,

escucha y calla.

Acurrúcate y escucha.

Escucha llegar la noche.

Duerme sus tibias mentiras.

    Masca el hielo negro que en su centro

habita

y despierta con la escarcha.

P Monedero-Fleming @MonederoFleming