Archivo | julio 2012

Pelea con dragones

No hay Merlín que me proteja.               

No hay Santo Grial que me ampare.

Caballero que levante

en su mano a Excalibur.

La pelea, feroz lucha,

mi guerra con los dragones,

es empresa solitaria.

Son mis monstruos.

Juegan conmigo, y parece

que me vencen,

que me agotan

los dragones.

Y, cuando me han derrotado,

a punto de devorarme,

cuando agonizo de  miedo,

me miran

y se sonríen.

Y se marchan

los dragones

-era un juego para ellos-.

Los dragones, aburridos, se distraen con otras cosas.

                                                                                                                                                                                                                     Pilar Moneder0-Fleming   

                                                                                                                                                                                                                     @MonederoFleming

Nocturno

Es la noche de los búhos,

de los erizos

ocultos

en sus cuevas.

Es la noche de los topos,

las mariposas nocturnas.

Una noche de jazmines y de hiedras

donde bullen

por debajo,

donde esplenden

por encima

tantos y tantos perfiles,

tanta y tanta maravilla,

que dormirse

es un pecado.

Pilar Monedero-Fleming @MonederoFleming 

del libro Animalario

El regalo congelado P Monedero-Fleming @MonederoFleming

EL REGALO CONGELADO

-CHÂTEAU DE CHILLON-

De entre las pálidas aguas

surge la Dama del Lago

montada en Hydrocheval

-verdes las pálidas crines,

verdes, translúcidos flancos,

se ve latiendo por dentro

su corazón plateado-.

 

Llegan a la hierba verde

ornada en pálida plata.

La Dama desmonta y cruza

a pie el puente levadizo,

Hydrocheval se entretiene

ramoneando narcisos.

La pesada puerta oscura del castillo

se abre sola.

Todavía falta tiempo

para que visite Byron

alguna de sus mazmorras.

La niña duerme tranquila

-luna por las cristaleras

de la entreabierta ventana-

cubierta con colcha roja

sobre almohadas escarlatas.

La Dama verde del Lago

toca con un frío dedo

la frente de la durmiente,

allá donde el Tercer Ojo

se esconde dentro del cráneo.

Despertarían los cisnes

si en el lago los hubiera.

Hydrocheval se impacienta

olfateando en lo oscuro.

La Dama del Lago vuelve,

su misión está cumplida.

Con Hydrocheval se adentra

en las transparentes aguas

hasta el centro más profundo

de sus lacustres dominios.

Luego, la niña escarlata

despertará, si amanece,

con la púrpura del día

y el rosado de las aguas.

Dentro de ella, invisible,

en el centro de su frente,

yace una fría esmeralda

esperando su momento.

El de volver a la vida

cuando empiece el negativo

del número de los días.