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El vals de Lucía

Muchos hombres. muchos hombres

tuvo Lúcía durante su vida.

Mucha hambre, mucha hambre

pasó en su posguerra de provincias.

vals

Por qué el mundo es tan cruel con Lucía

por qué ríen ante su melancolía.

Vendieron su virgo por dinero.

Nunca volverá a a ser la misma,

la niña que baña su dolor en golosinas.

CAER AL VACÍO

Por qué tuvieron que arrancarla así

de la chabola donde vivía.

-tenía hermanos, perros, un caño

de fuente-

ahora un frigorífico viejo

un aparador y un espejo.

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Desahucios- La Herida

Pilar Monedero-Fleming @MonederoFleming

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La herida abierta late y late acompasada con su corazón.

No puede mirar a sus hijas

ni mentirles con juguetes o con cuentos inventados.

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No puede dormir esas noches infernales

que preceden al desahucio.

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Las Barbies la contemplan desde una estantería,

testigos de tiempos buenos

sin el furor de los bancos.

Ella puso su dinero, pidió, vino, llegó y trajo.

Y los mismos usureros

dieron, prometieron, dijeron que su trabajo…

Ahora hay dos camitas blancas suspensas sobre la calle

y esa herida que ella tiene

que nadie ve,

pero late.

EL TANGO DE MERCEDES

Pilar Monedero-Fleming

@MonederoFleming

 

De batalla en batalla

se desangraba y más.

 

De canalla en canalla

iba “desopilá”.

 

El tango de Mercedes,

vida breve,

sin cortes de salón.

 

El tango de Mercedes,

un diamante

de vidrios de farol.

 

Arrastra cuatro criaturas,

la quinta viene ya.

Y no hay hombre a su lado:

Sólo saben pegar.

 

El tango de Mercedes,

vida breve,                                                                                                    

sin cortes de salón.

 

El tango de Mercedes,

un diamante

de vidrios de farol.

 

De esta vida lo amargo

sólo fue a saborear,

entre insultos y golpes

ella aprendió a bailar.

 

El tango de Mercedes.

vida breve,

sin cortes de salón.

 

El tango de Mercedes

un diamante

de vidrios de farol

 

Con las cinco criaturas

vive en un callejón

prefiriendo estrechuras

al bestial bofetón.

El tango de Mercedes,

vida breve,

sin cortes de salón.

 

El tango de Mercedes,

un diamante

de vidrios de farol.

CASI TREINTA DÍAS @MonederoFleming

lCASI TREINTA DÍAS

Casi treinta días

y apura sus horas

de oportunidades

entre la basura.

Casi treinta días

de mirar las cosas

con ojos inciertos.

Casi treinta días.

Y su madre ha sido

su único mundo

-un pobre cobijo-

aunque ya no esté.

Y el llanto, el lenguaje común:

lloraban los dos,

y luego el crujido triste de la bolsa.

No tener la culpa

todavía

de nada.

Casi treinta días

de pura belleza.

Resplandor inmenso

-diamante rosado-

del recién nacido

que hoy han rescatado

de entre la basura.

Historias del bosque: El bosque quemado

Olivos, almendros, encinas y pinos no resistieron la fuerza del fuego.

Sus ramas ahora son dedos de bruja que señalan un cielo estremecedor.

Un cielo muerto.

La misma negrura que habita en el alma de los incendiarios

la han sacado fuera y la han vomitado, derramándola en torno a sí.

No cantan los pájaros del bosque quemado.  

Sus esqueletos frágiles se deshacen

y se esparcen como soplos en el aire ardiente.

Tremenda es la pena del monte arrasado.

No hay lágrimas que laven sus cenizas trágicas.

Millones las vidas pequeñas, sagradas, segadas,

retorcidas,

calcinadas en la más cruel de las muertes.

El humo aureola al bosque desierto,

que ya no tiene alma,

que no es ya ni bosque, porque lo han matado.

Pilar Monedero-Fleming

@MonederoFleming

INOCENTES

¿Cabe tanto dolor negro en un pecho tan pequeño?

Es tan grande el desamor.
Tan inmenso el abandono.
La crueldad tan infinita… soy culpable ante ellos.

Me clavan saetas con sus ojos limpios.
Sufre el animal, el niño…
Su inocencia es el peaje que pagan ante el malvado.

P. Monedero-Fleming

BIBLIOTECA PERSONAL: FRÁGILES COMO ROSAS ANFIBIAS… Pilar Monedero-Fleming

                                   Se puede hacer mucho daño con las palabras, especialmente a personas frágiles como rosas anfibias, con autoestimas  en formación o  mal formadas, propicias a ser heridas.

La percepción de sí mismas es en ellas delicada e inestable. Susceptibles e inseguras se miran mucho –demasiado- en la opinión ajena.

Y la opinión ajena es a menudo un espejo deformante, como los descritos por Valle-Inclán.

Existe una opinión social. Unos modelos, no sólo aceptados, sino considerados deseables. Que devienen en metas, objetivos para niñas y muchachas más frágiles e sensibles y vulnerables.

Así, se obsesionan con auto moldearse a cualquier precio para caber dentro de los modelos propuestos. Eso pasa a ser el centro de su existencia anulando todo lo demás, reduciendo su vida a los límites de la propia apariencia como objetivo devastador. Estación de partida hacia los trastornos alimentarios: anorexia, bulimia.

La presión social es fuerte, pero mucho peor es la presión del entorno. Más poderoso cuanto más próximo.

                                                                                     Hace más daño una frase desafortunada: << ¿has engordado!>> o <<qué guapa te veo; tan delgadita>>, dicha por alguien cercano, que cien desfiles de modelos esqueléticas.

Quienes hacen esos comentarios, bienintencionados o no tanto, los suelen olvidar de inmediato; no así el objeto de la observación, que le dará mil vueltas en el magín a la opinión expresada por la madre, el amigo o la vecina, para, al fin y a la postre, encontrarse fatal: si le han dicho gorda, malo, si delgadita, malo también. En ambos casos la frágil autoestima interioriza, bien que ha fallado no respondiendo a lo que se espera de ella –está gorda-, bien que debe conservar su alabada condición –la delgadez- a cualquier precio. En los dos supuestos desembocará en lo mismo: fingida inapetencia, vómitos en el lavabo, obsesión por la báscula y locura ante los espejos.


Los trastornos alimentarios, enfermedades graves y en muchos casos con resultado de muerte, son una epidemia social cuyo número de afectados crece en progresión alarmante. Como en todo, lo mejor es la prevención. Y quizá a veces consista en algo tan sencillo como hablar –o no hablar- con la suficiente sensibilidad a quienes son <<frágiles>>.

Y, casi siempre, estas intocables rosas anfibias, son mujeres.

Pilar Monedero-Fleming @MonederoFleming