Archivos

CASI TREINTA DÍAS @MonederoFleming

lCASI TREINTA DÍAS

Casi treinta días

y apura sus horas

de oportunidades

entre la basura.

Casi treinta días

de mirar las cosas

con ojos inciertos.

Casi treinta días.

Y su madre ha sido

su único mundo

-un pobre cobijo-

aunque ya no esté.

Y el llanto, el lenguaje común:

lloraban los dos,

y luego el crujido triste de la bolsa.

No tener la culpa

todavía

de nada.

Casi treinta días

de pura belleza.

Resplandor inmenso

-diamante rosado-

del recién nacido

que hoy han rescatado

de entre la basura.

Historias del bosque: El bosque quemado

Olivos, almendros, encinas y pinos no resistieron la fuerza del fuego.

Sus ramas ahora son dedos de bruja que señalan un cielo estremecedor.

Un cielo muerto.

La misma negrura que habita en el alma de los incendiarios

la han sacado fuera y la han vomitado, derramándola en torno a sí.

No cantan los pájaros del bosque quemado.  

Sus esqueletos frágiles se deshacen

y se esparcen como soplos en el aire ardiente.

Tremenda es la pena del monte arrasado.

No hay lágrimas que laven sus cenizas trágicas.

Millones las vidas pequeñas, sagradas, segadas,

retorcidas,

calcinadas en la más cruel de las muertes.

El humo aureola al bosque desierto,

que ya no tiene alma,

que no es ya ni bosque, porque lo han matado.

Pilar Monedero-Fleming

@MonederoFleming

INOCENTES

¿Cabe tanto dolor negro en un pecho tan pequeño?

Es tan grande el desamor.
Tan inmenso el abandono.
La crueldad tan infinita… soy culpable ante ellos.

Me clavan saetas con sus ojos limpios.
Sufre el animal, el niño…
Su inocencia es el peaje que pagan ante el malvado.

P. Monedero-Fleming

BIBLIOTECA PERSONAL: FRÁGILES COMO ROSAS ANFIBIAS… Pilar Monedero-Fleming

                                   Se puede hacer mucho daño con las palabras, especialmente a personas frágiles como rosas anfibias, con autoestimas  en formación o  mal formadas, propicias a ser heridas.

La percepción de sí mismas es en ellas delicada e inestable. Susceptibles e inseguras se miran mucho –demasiado- en la opinión ajena.

Y la opinión ajena es a menudo un espejo deformante, como los descritos por Valle-Inclán.

Existe una opinión social. Unos modelos, no sólo aceptados, sino considerados deseables. Que devienen en metas, objetivos para niñas y muchachas más frágiles e sensibles y vulnerables.

Así, se obsesionan con auto moldearse a cualquier precio para caber dentro de los modelos propuestos. Eso pasa a ser el centro de su existencia anulando todo lo demás, reduciendo su vida a los límites de la propia apariencia como objetivo devastador. Estación de partida hacia los trastornos alimentarios: anorexia, bulimia.

La presión social es fuerte, pero mucho peor es la presión del entorno. Más poderoso cuanto más próximo.

                                                                                     Hace más daño una frase desafortunada: << ¿has engordado!>> o <<qué guapa te veo; tan delgadita>>, dicha por alguien cercano, que cien desfiles de modelos esqueléticas.

Quienes hacen esos comentarios, bienintencionados o no tanto, los suelen olvidar de inmediato; no así el objeto de la observación, que le dará mil vueltas en el magín a la opinión expresada por la madre, el amigo o la vecina, para, al fin y a la postre, encontrarse fatal: si le han dicho gorda, malo, si delgadita, malo también. En ambos casos la frágil autoestima interioriza, bien que ha fallado no respondiendo a lo que se espera de ella –está gorda-, bien que debe conservar su alabada condición –la delgadez- a cualquier precio. En los dos supuestos desembocará en lo mismo: fingida inapetencia, vómitos en el lavabo, obsesión por la báscula y locura ante los espejos.


Los trastornos alimentarios, enfermedades graves y en muchos casos con resultado de muerte, son una epidemia social cuyo número de afectados crece en progresión alarmante. Como en todo, lo mejor es la prevención. Y quizá a veces consista en algo tan sencillo como hablar –o no hablar- con la suficiente sensibilidad a quienes son <<frágiles>>.

Y, casi siempre, estas intocables rosas anfibias, son mujeres.

Pilar Monedero-Fleming @MonederoFleming

Llevo años esperando una Revolución que me devore…

(A hezmick, por el título)

La geomorfología de la ira,

de las placas tectónicas del odio

y el rencor poco a poco acumulado.

(Palabras, órdenes, desdenes

del desprecio enquistado y amargo).

Un día chocarán en el océano

las olas cubrirán la tierra

y quedará después

el agua quieta.

Abrázate entonces al cuello

del caballo herido,

como Nietszche,

y llora con él y con la bestia

invocando lucidez en la locura.

¡Arrebátale la fusta al que castiga

y no te importe herir

a aquél que piensa

que los demás no sienten!

Pilar Monedero-Fleming  @MonederoFleming

ANORÉXICOBULÍMICA

Conseguí esquivar a duras penas las básculas.

¡Me costó tanto tiempo y sufrimiento!

Muchos años de esfuerzo y de voluntad.

Corazones de alcachofas con limón limpian conciencias

(tengo la nevera llena de alcachofas y limones)

y es un arte banquetear con platillos tan escuetos.

Quisicosas y minucias dispuestas en breves dosis.

Nunca tuve tratamiento para mi mal vergonzante

quizá porque

cuando se manifestó en mi mente

–ya que el cuerpo iría después-

no pensé que estaba enferma.

No lo pensé cuando veinte kilos menos veía como un milagro.

No veía el esqueleto que tomaba mi lugar.

El espejo me engatusó con una imagen de niña

recién venida del mundo de Alicia y de Peter Pan :

¡Yo nunca tendría pechos!

¡Estaba a salvo sin pechos, sin caderas, sin que mi cuerpo sangrase!

Y, mientras tanto, mi alma

se adaptaba a mi esqueleto como a una segunda piel.

¡Qué maravilla

poder vivir para siempre en la sección para niños de cualquier gran almacén!

Hasta el final de mi  viaje

no supe cuánto sufrió

mi madre:

que veía crecer al monstruo que me devoraba entera

y me veía morir.

Pilar Monedero-Fleming @MonederoFleming

Prisioneros

Nada peor que estar preso sin conocer la condena.

La longitud de los días que se deslizan sin más, lentos cual procesionarias,

tan iguales como ellas.

Ser serpiente de terrario

o pez en una pecera

-obsesa, cautiva víctima en su cárcel de cristal-.

O mujer en una casa

con una fiera en la puerta,

tan pendiente de su miedo

que se le olvida la vida.

Pilar Monedero-Fleming (Animalario, nº 5)