Desahucios- La Herida

Pilar Monedero-Fleming @MonederoFleming

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La herida abierta late y late acompasada con su corazón.

No puede mirar a sus hijas

ni mentirles con juguetes o con cuentos inventados.

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No puede dormir esas noches infernales

que preceden al desahucio.

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Las Barbies la contemplan desde una estantería,

testigos de tiempos buenos

sin el furor de los bancos.

Ella puso su dinero, pidió, vino, llegó y trajo.

Y los mismos usureros

dieron, prometieron, dijeron que su trabajo…

Ahora hay dos camitas blancas suspensas sobre la calle

y esa herida que ella tiene

que nadie ve,

pero late.

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SELF SERVICE -Mürren-

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Pilar Monedero-Fleming @MonederoFleming

El vaso de plástico del café con leche

es el pasaporte hacia la terraza

donde están los cuervos, pidiendo pitanza,

mientras los turistas con gafas oscuras

ignoran su súplica.

Las aves se vengan

con sus excrementos en la balaustrada.

La mala conciencia de otro cigarrillo

no impide al que fuma aspirar el sol

junto con el humo.

Los cuervos insisten,

no se desaniman.

Están habituados a la indiferencia,

a su mala prensa

-banal menosprecio del negro, brillante plumaje.

Los dueños del vuelo de los parapentes

-Blanco, Azul y Rojo-,

rezan a las sedas, columpios del aire.

frágil bovedilla de sus oraciones,

dulce planear entre bosque y nieves.

Envidio su vuelo, como el de los cuervos,

admiro la belleza de esas aves

menospreciada y digna

como la de niños africanos de vientre combado por el hambre

y ojos inmensos.

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Un inmenso cansancio – Pilar Monedero-Fleming @Monedero-Fleming

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Cargada estoy de deudas.

Mi periplo es eterno.

Entre la muchedumbre de pesadas rutinas

mis pasos sigilosos se revelan inermes

ante una silenciosa invasión de recuerdos.

Los amigos que tengo

-que son como regalos

de la diosa inconstante que rige nuestros días-

empiezan a estar hartos de mi mente dispersa

entre la hiperactiva turbamulta que invade

mis velas y mis sueños.

Ya no sé que decirles,

no puedo hablar con nadie.

Yo,

que tanto sabía,

los idiomas me fallan…

Solamente mi perra comprende mi lenguaje

y se encoge con miedo arrimada a mi sombra.

soledad[1]

días de color naranja

                                          @MonederoFleming

 

Anoche soñé con lo mismo.

Con los días de color naranja.

Empieza el verano.

Vacaciones. Los días estaban todavía sin desprecintar. Todo era posible. El verano era infinito y mis días eran de color naranja.

Eran de agua, de aire, de olor a cloro de piscina y a hoja tierna calentada por el sol, y a césped recién cortado.

Mi madre me cosía vestidos de tirantes. Yo me empeñaba en comprarme unos vaqueros. Y unas sandalias preciosas, de color naranja.

El río verde olía a limpio, a caña de azúcar. Qué gloria nadar en su agua fría y salir de ella como recién bautizada.

Nadar, nadar y nadar bajo una tormenta, los relámpagos deslumbrantes sobre la cabeza y los truenos retumbando entre la arboleda. Es peligroso.

La belleza mata al miedo.

Empapada de agua fría hasta que se acorchaban las yemas de los dedos y la carne se pone de gallina.

¡Salir del agua, corriendo a toda prisa en busca de una toalla!

La bicicleta era vieja –recuerdo sus costras rojizas de óxido- y me quedaba pequeña, pero, qué gusto recorrer con ella las sendas del pinar.

Música de cigarras, romero, espliego y tomillo exhalando su perfume caliente

entre el polvo, al atardecer.

Ahora, sobre ese pinar han construido un barrio entero.

Quedan, como avergonzados, unos cuantos pinos testimoniales.

Los días eran entonces de color naranja, y las noches, sólo con respirar hondo, eran de Terciopelo Azul, Blue Velvet.

La muerte no existía sino como vago concepto, lejano e irreal,

en los días de color naranja.

El futuro estaba lejos, esperando, empaquetado para regalo,

unos bombones de guindas que, sin advertirlo, se van quedando rancios.

El tiempo era todo lo lento que puede ser el tiempo, que es mucho o nada,

porque todavía tenían que pasar muchas cosas,

cosas para imaginar en los días de color naranja.

El mundo, nuestro mundo, sería cada vez más y más interesante.

Recuerdo una mariposa empapando de luz naranja sus alas,

posada sobre el cristal entreabierto, estallando de reflejos, de la ventana de mi habitación.

Claramente, hoy el mundo no es mío-nuestro y decepciona cada día.

El tiempo pasa muy deprisa, con el pie apretando el acelerador.

Y ya no quedan más días de color naranja.

La porcelana del váter

guarda en su alforja maldita                      sorolla2

el vómito provocado,

la negación de mi yo.

Cristales Opacos

Pilar Monedero

@MonederoFleming                                         imagen espejomami2

Sin saberlo,

sin quererlo,

nos convertimos a veces

en cristales

-tristes, opacos cristales-

que a duras penas reflejan

la vida que existe fuera

como si fuese pintada.

Trampantojo de la mente.

Dejando entrever apenas

aquello que espera adentro

de nuestras almas:

un núcleo de ferroníquel                                              cristales

pesado como la muerte

donde todo queda inmóvil.