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Escucha llegar la noche

Escucha, la oscuridad llega.

Avanza

pasito a paso.

Se mueve

tras el escudo de plata

del crepúsculo lejano.

    Camina y fluye

con mentiras de tibieza

que ocultan

el centro congelado de lo oscuro:

un núcleo tranquilo y quieto, esperando a derramarse

sobre árboles y piedras.

Acurrúcate y escucha.

Escucha  llegar la noche

suave e inevitable.

Fuera de la ciudad                           

donde no la espantan luces                                               

y donde no se despeña

en los abismos del hueco

de los callejones sucios

en los que sólo los gatos captan su falsa tibieza

-con el centro congelado-

donde no se haga jirones

enredándose en los cables.

Escucha,

escucha y calla.

Acurrúcate y escucha.

Escucha llegar la noche.

Duerme sus tibias mentiras.

    Masca el hielo negro que en su centro

habita

y despierta con la escarcha.

P Monedero-Fleming @MonederoFleming

 

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Cántico de la bruja

                                          Cruzando los abismos sobre bestias aladas

desoyendo consejos de las voces sensatas

con los dardos del viento golpeando en mi piel.

Prosiguiendo mi viaje con feroz alegría

hasta llegar al prado donde todos concurren

a los sones hipnóticos de la flauta de Pan.

Con los faunos comparto los bailes y los cuencos

de licores preciosos del agua destilados

por las ninfas que moran

presas en manantiales

de los que sólo ahora les permiten salir.

Los guardianes gigantes, cuyo nombre se oculta,

se esconden en el bosque y no quieren mirar.

Les da miedo y vergüenza presenciar la alegría

de los que no pensamos, a fuerza de pensar.

Y sabemos sentirnos, tocarnos y mirarnos.

Y sabemos olernos como brotes tronchados.

Escuchamos al mirlo cuando muere la tarde,

mas los ruidos nocturnos nos hacen anhelar

cosas desconocidas,

cosas fuera del prado,

ocultas en estrellas

o en el sótano bajo

de la casa más vieja que se hunde en la ciudad.

 

(Pilar Monedero-Fleming)