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Historias del bosque: El bosque quemado

Olivos, almendros, encinas y pinos no resistieron la fuerza del fuego.

Sus ramas ahora son dedos de bruja que señalan un cielo estremecedor.

Un cielo muerto.

La misma negrura que habita en el alma de los incendiarios

la han sacado fuera y la han vomitado, derramándola en torno a sí.

No cantan los pájaros del bosque quemado.  

Sus esqueletos frágiles se deshacen

y se esparcen como soplos en el aire ardiente.

Tremenda es la pena del monte arrasado.

No hay lágrimas que laven sus cenizas trágicas.

Millones las vidas pequeñas, sagradas, segadas,

retorcidas,

calcinadas en la más cruel de las muertes.

El humo aureola al bosque desierto,

que ya no tiene alma,

que no es ya ni bosque, porque lo han matado.

Pilar Monedero-Fleming

@MonederoFleming

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Tercer Poema Breve

Te espío tres veces desde tres ventanas.                                                                                                                 

Si tuviera mil ventanas

te espiaría mil veces.

El amor forjado en el infierno,

en la ebriedad de la locura de los dioses,

en el engaño, la pérdida y la mentira,

no se acaba nunca, y duele.

No se acaba nunca, y pesa.

¡Tengo las manos manchadas con la sangre de mi alma!

Pero tus garras siguen brillando.

Me deslumbran.

Como siempre.                                   

Pilar Monedero-Fleming

@MonederoFleming

El Calor del Enemigo

Tanto tiempo guardando, escondiendo en tu pecho huecos caparazones que creías valiosos.

Nadie carga la culpa por haberte engañado simulando espejismos que sólo veías tú.

A trancas y barrancas, tu triste yo ha sabido devolver a tu alma lo que había perdido

expulsando al intruso que intenta regresar.

Era cómodo el cofre de tu cuerpo vacío, lejos de los pecados, ausente de virtud.

Pero ahora, si él vuelve, estarás preparada, porque irás al combate si debes combatir.

Ni rehuyes las luces ni te espantan las sombras.

El pasado está cerca y es posible aprender.

Sólo guardas ahora joyas que lo merezcan, aunque sean guijarros.

Sobre todo, guijarros, gemas firmes pulidas por un pálido mar.

No tienes miedo ahora como antes lo tuviste.

Ya no guardas misterios de ponzoñas secretas. El antídoto se halla donde siempre esperó.

De nuevo tienes alma, y con ella, pecados.

Ahora escuchas la música, y podrías bailar.

(De Doble Cristal, Pilar Monedero-Fleming)

Más allá del bien y del mal

El bien y el mal no están de moda como conceptos.
Preferimos pensar en una sinapsis neuronal defectuosa, la rémora de una horrible infancia, o cualquier otra cosa que, si no justificar, explique un comportamiento claramente malvado. Nos quedamos más tranquilos así.
En cuanto a que alguien se caracterice por su bondad, le hace quedar un poco como tonto en esta sociedad depredadora del triunfo a toda costa, conseguido como sea.
Si es vendiendo lo mejor de ti, pisando las cabezas de otros menos ambiciosos o más estúpidos, sacrificando bebés o bebiendo la sangre de un ternero, pues mejor. Has demostrado ser un triunfador de los pies a la cabeza.
Más allá del bien y del mal, aparte de ser una estimable y famosa obra de Nietzsche, significa el vacío más absoluto en lo que a ética se refiere. Más allá del bien y del mal hay un gran agujero negro que engulle al que se asoma a él. Porque no se puede vivir sin categorías morales, lo que cuando yo estudiaba llamábamos ius naturalis, Derecho Natural que estaría impreso en el ADN de modo que la transgresión intencionada de sus categorías básicas toma forma: la forma del mal.
Porque es imposible no creer en el mal cuando estamos rodeados hasta la asfixia de sus manifestaciones.
Porque cómo no creer en el mal cuando unos niños pijos queman viva a una indigente que duerme en un cajero.
Porque, qué sino monstruos de maldad son los que arrojan por la ventanilla del coche sin reducir la marcha al perro que les molesta. Al ser que les quería con toda el alma pese a ser unos monstruos, porque en él sólo existía bondad. Que no comprende ni comprenderá nunca, ni siquiera cuando yazga agonizante, atropellado en la cuneta, por qué le han hecho eso quienes tanto quería.
Porque en la residencia de ancianos que cobra tan caro a quienes les confían a sus mayores ahorran un pastón en pañales de adulto, y tienen a los incontinentes llagados y avergonzados de su propia suciedad, pues los malvados, además, se burlan de ellos y de su involuntario desaseo.
Porque hasta las pequeñas maldades son grandes para el que las padece.
Por eso cada vez creo menos en el azar, al menos en lo que se refiere a nuestras acciones y decisiones que, inevitablemente, tendrán consecuencias para otros.
Ni siquiera la crisis económica que nos aflige ha sobrevenido de la nada como una plaga bíblica. Es consecuencia de malas acciones. De actos de malvados de diversas calañas y categorías que no pensaron en las consecuencias catastróficas que los actos, que a ellos reportaban inmerecidos beneficios, tendrían para una gente insignificante que resultó ser el resto del mundo.
Porque, enfermo de sífilis, Nietzsche se dio cuenta de que hay que estar más acá del bien y del mal, y apuntarse a uno de los bandos, por eso arrebató la fusta al cochero cruel y se abrazó al cuello del caballo herido lavándole las llagas con sus lágrimas. Invocando lucidez en la locura.