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CASI TREINTA DÍAS @MonederoFleming

lCASI TREINTA DÍAS

Casi treinta días

y apura sus horas

de oportunidades

entre la basura.

Casi treinta días

de mirar las cosas

con ojos inciertos.

Casi treinta días.

Y su madre ha sido

su único mundo

-un pobre cobijo-

aunque ya no esté.

Y el llanto, el lenguaje común:

lloraban los dos,

y luego el crujido triste de la bolsa.

No tener la culpa

todavía

de nada.

Casi treinta días

de pura belleza.

Resplandor inmenso

-diamante rosado-

del recién nacido

que hoy han rescatado

de entre la basura.

Pelea con dragones

No hay Merlín que me proteja.               

No hay Santo Grial que me ampare.

Caballero que levante

en su mano a Excalibur.

La pelea, feroz lucha,

mi guerra con los dragones,

es empresa solitaria.

Son mis monstruos.

Juegan conmigo, y parece

que me vencen,

que me agotan

los dragones.

Y, cuando me han derrotado,

a punto de devorarme,

cuando agonizo de  miedo,

me miran

y se sonríen.

Y se marchan

los dragones

-era un juego para ellos-.

Los dragones, aburridos, se distraen con otras cosas.

                                                                                                                                                                                                                     Pilar Moneder0-Fleming   

                                                                                                                                                                                                                     @MonederoFleming

Cántico de la bruja

                                          Cruzando los abismos sobre bestias aladas

desoyendo consejos de las voces sensatas

con los dardos del viento golpeando en mi piel.

Prosiguiendo mi viaje con feroz alegría

hasta llegar al prado donde todos concurren

a los sones hipnóticos de la flauta de Pan.

Con los faunos comparto los bailes y los cuencos

de licores preciosos del agua destilados

por las ninfas que moran

presas en manantiales

de los que sólo ahora les permiten salir.

Los guardianes gigantes, cuyo nombre se oculta,

se esconden en el bosque y no quieren mirar.

Les da miedo y vergüenza presenciar la alegría

de los que no pensamos, a fuerza de pensar.

Y sabemos sentirnos, tocarnos y mirarnos.

Y sabemos olernos como brotes tronchados.

Escuchamos al mirlo cuando muere la tarde,

mas los ruidos nocturnos nos hacen anhelar

cosas desconocidas,

cosas fuera del prado,

ocultas en estrellas

o en el sótano bajo

de la casa más vieja que se hunde en la ciudad.

 

(Pilar Monedero-Fleming)