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Un inmenso cansancio – Pilar Monedero-Fleming @Monedero-Fleming

soledad descarga

Cargada estoy de deudas.

Mi periplo es eterno.

Entre la muchedumbre de pesadas rutinas

mis pasos sigilosos se revelan inermes

ante una silenciosa invasión de recuerdos.

Los amigos que tengo

-que son como regalos

de la diosa inconstante que rige nuestros días-

empiezan a estar hartos de mi mente dispersa

entre la hiperactiva turbamulta que invade

mis velas y mis sueños.

Ya no sé que decirles,

no puedo hablar con nadie.

Yo,

que tanto sabía,

los idiomas me fallan…

Solamente mi perra comprende mi lenguaje

y se encoge con miedo arrimada a mi sombra.

soledad[1]

CASI TREINTA DÍAS @MonederoFleming

lCASI TREINTA DÍAS

Casi treinta días

y apura sus horas

de oportunidades

entre la basura.

Casi treinta días

de mirar las cosas

con ojos inciertos.

Casi treinta días.

Y su madre ha sido

su único mundo

-un pobre cobijo-

aunque ya no esté.

Y el llanto, el lenguaje común:

lloraban los dos,

y luego el crujido triste de la bolsa.

No tener la culpa

todavía

de nada.

Casi treinta días

de pura belleza.

Resplandor inmenso

-diamante rosado-

del recién nacido

que hoy han rescatado

de entre la basura.

CON CABALLOS SALVAJES @MonederoFleming

 

                               Yo me baño en cascadas.                            

Vivo en bosques inmensos

celebrando los días.

Allá queden los otros

con sus glorias vicarias,

persiguiendo la estela de un avión errabundo

y exponiendo caretas

que resuenan vacías.

(Son los falsos vampiros

y yo sé que lo saben.)

Allá queden sus cuerpos

mutilados, sin alas.

Yo, gongóricamente,

al calor de mi fuego

escribiendo, viviendo, caminando y volando.

Descubriendo de nuevo

olvidados parajes.

Recuperando almas que pensé no existían

pero están a mi lado, y ya no esperan,

claman,

pues llegó su momento.                                                       

Y mi universo entero se da cuenta

y estalla

destrozando los muros que forjaron titanes

deshaciendo las puertas

construyendo balcones

en grietas ojivales.

Fulminando la Torre

que ya no necesito,

pues el cíclope ciego se debate en lo oscuro,

tantea y no me halla

y llora un llanto negro.

 

 

Prisioneros

Nada peor que estar preso sin conocer la condena.

La longitud de los días que se deslizan sin más, lentos cual procesionarias,

tan iguales como ellas.

Ser serpiente de terrario

o pez en una pecera

-obsesa, cautiva víctima en su cárcel de cristal-.

O mujer en una casa

con una fiera en la puerta,

tan pendiente de su miedo

que se le olvida la vida.

Pilar Monedero-Fleming (Animalario, nº 5)