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Historias del bosque: El bosque quemado

Olivos, almendros, encinas y pinos no resistieron la fuerza del fuego.

Sus ramas ahora son dedos de bruja que señalan un cielo estremecedor.

Un cielo muerto.

La misma negrura que habita en el alma de los incendiarios

la han sacado fuera y la han vomitado, derramándola en torno a sí.

No cantan los pájaros del bosque quemado.  

Sus esqueletos frágiles se deshacen

y se esparcen como soplos en el aire ardiente.

Tremenda es la pena del monte arrasado.

No hay lágrimas que laven sus cenizas trágicas.

Millones las vidas pequeñas, sagradas, segadas,

retorcidas,

calcinadas en la más cruel de las muertes.

El humo aureola al bosque desierto,

que ya no tiene alma,

que no es ya ni bosque, porque lo han matado.

Pilar Monedero-Fleming

@MonederoFleming

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BIBLIOTECA PERSONAL: FRÁGILES COMO ROSAS ANFIBIAS… Pilar Monedero-Fleming

                                   Se puede hacer mucho daño con las palabras, especialmente a personas frágiles como rosas anfibias, con autoestimas  en formación o  mal formadas, propicias a ser heridas.

La percepción de sí mismas es en ellas delicada e inestable. Susceptibles e inseguras se miran mucho –demasiado- en la opinión ajena.

Y la opinión ajena es a menudo un espejo deformante, como los descritos por Valle-Inclán.

Existe una opinión social. Unos modelos, no sólo aceptados, sino considerados deseables. Que devienen en metas, objetivos para niñas y muchachas más frágiles e sensibles y vulnerables.

Así, se obsesionan con auto moldearse a cualquier precio para caber dentro de los modelos propuestos. Eso pasa a ser el centro de su existencia anulando todo lo demás, reduciendo su vida a los límites de la propia apariencia como objetivo devastador. Estación de partida hacia los trastornos alimentarios: anorexia, bulimia.

La presión social es fuerte, pero mucho peor es la presión del entorno. Más poderoso cuanto más próximo.

                                                                                     Hace más daño una frase desafortunada: << ¿has engordado!>> o <<qué guapa te veo; tan delgadita>>, dicha por alguien cercano, que cien desfiles de modelos esqueléticas.

Quienes hacen esos comentarios, bienintencionados o no tanto, los suelen olvidar de inmediato; no así el objeto de la observación, que le dará mil vueltas en el magín a la opinión expresada por la madre, el amigo o la vecina, para, al fin y a la postre, encontrarse fatal: si le han dicho gorda, malo, si delgadita, malo también. En ambos casos la frágil autoestima interioriza, bien que ha fallado no respondiendo a lo que se espera de ella –está gorda-, bien que debe conservar su alabada condición –la delgadez- a cualquier precio. En los dos supuestos desembocará en lo mismo: fingida inapetencia, vómitos en el lavabo, obsesión por la báscula y locura ante los espejos.


Los trastornos alimentarios, enfermedades graves y en muchos casos con resultado de muerte, son una epidemia social cuyo número de afectados crece en progresión alarmante. Como en todo, lo mejor es la prevención. Y quizá a veces consista en algo tan sencillo como hablar –o no hablar- con la suficiente sensibilidad a quienes son <<frágiles>>.

Y, casi siempre, estas intocables rosas anfibias, son mujeres.

Pilar Monedero-Fleming @MonederoFleming