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Un inmenso cansancio – Pilar Monedero-Fleming @Monedero-Fleming

soledad descarga

Cargada estoy de deudas.

Mi periplo es eterno.

Entre la muchedumbre de pesadas rutinas

mis pasos sigilosos se revelan inermes

ante una silenciosa invasión de recuerdos.

Los amigos que tengo

-que son como regalos

de la diosa inconstante que rige nuestros días-

empiezan a estar hartos de mi mente dispersa

entre la hiperactiva turbamulta que invade

mis velas y mis sueños.

Ya no sé que decirles,

no puedo hablar con nadie.

Yo,

que tanto sabía,

los idiomas me fallan…

Solamente mi perra comprende mi lenguaje

y se encoge con miedo arrimada a mi sombra.

soledad[1]

Cristales Opacos

Pilar Monedero

@MonederoFleming                                         imagen espejomami2

Sin saberlo,

sin quererlo,

nos convertimos a veces

en cristales

-tristes, opacos cristales-

que a duras penas reflejan

la vida que existe fuera

como si fuese pintada.

Trampantojo de la mente.

Dejando entrever apenas

aquello que espera adentro

de nuestras almas:

un núcleo de ferroníquel                                              cristales

pesado como la muerte

donde todo queda inmóvil.

ANORÉXICOBULÍMICA

Conseguí esquivar a duras penas las básculas.

¡Me costó tanto tiempo y sufrimiento!

Muchos años de esfuerzo y de voluntad.

Corazones de alcachofas con limón limpian conciencias

(tengo la nevera llena de alcachofas y limones)

y es un arte banquetear con platillos tan escuetos.

Quisicosas y minucias dispuestas en breves dosis.

Nunca tuve tratamiento para mi mal vergonzante

quizá porque

cuando se manifestó en mi mente

–ya que el cuerpo iría después-

no pensé que estaba enferma.

No lo pensé cuando veinte kilos menos veía como un milagro.

No veía el esqueleto que tomaba mi lugar.

El espejo me engatusó con una imagen de niña

recién venida del mundo de Alicia y de Peter Pan :

¡Yo nunca tendría pechos!

¡Estaba a salvo sin pechos, sin caderas, sin que mi cuerpo sangrase!

Y, mientras tanto, mi alma

se adaptaba a mi esqueleto como a una segunda piel.

¡Qué maravilla

poder vivir para siempre en la sección para niños de cualquier gran almacén!

Hasta el final de mi  viaje

no supe cuánto sufrió

mi madre:

que veía crecer al monstruo que me devoraba entera

y me veía morir.

Pilar Monedero-Fleming @MonederoFleming