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EL TANGO DE MERCEDES

Pilar Monedero-Fleming

@MonederoFleming

 

De batalla en batalla

se desangraba y más.

 

De canalla en canalla

iba “desopilá”.

 

El tango de Mercedes,

vida breve,

sin cortes de salón.

 

El tango de Mercedes,

un diamante

de vidrios de farol.

 

Arrastra cuatro criaturas,

la quinta viene ya.

Y no hay hombre a su lado:

Sólo saben pegar.

 

El tango de Mercedes,

vida breve,                                                                                                    

sin cortes de salón.

 

El tango de Mercedes,

un diamante

de vidrios de farol.

 

De esta vida lo amargo

sólo fue a saborear,

entre insultos y golpes

ella aprendió a bailar.

 

El tango de Mercedes.

vida breve,

sin cortes de salón.

 

El tango de Mercedes

un diamante

de vidrios de farol

 

Con las cinco criaturas

vive en un callejón

prefiriendo estrechuras

al bestial bofetón.

El tango de Mercedes,

vida breve,

sin cortes de salón.

 

El tango de Mercedes,

un diamante

de vidrios de farol.

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ANCIANA CON GABARDINA, ARLÉS

Las sortijas bailan en sus dedos temblorosos

mas los nudillos hinchados les impiden escapar

fuera de las manos sarmentosas, consumidas.

La montura arlequinada de sus gafas un día fue la última moda,

eran buenos tiempos y ella no quiere cambiar:

se ve como antes, a los dieciocho.

El yogur con cereales matutino presta buena conciencia alimentaria que le dura a la anciana todo el día

y por eso ya no cuentan

las pequeñas infracciones: mantequilla en los cruasanes y el chocolate con nata.

Huyendo de los tristes andadores

que huelen a claudicación maldita,

se refugia en el bastón o se apoya en el brazo de una amiga.

Omnipresente el paraguas, junto al bolso, acecha las gotas gruesas de la nube más cargada.

-Para la bruma, un pañuelo de cabeza o un sombrerito impermeable-.

Es necesario escoger una a una las naranjas en el mercado,

son caras

y vienen desde muy lejos.

La sopa de pollo al anochecer conforta

como el sillón resobado y la rutina de las voces estridentes que surgen del altavoz

del televisor que reina en el salón de la anciana.

Pilar Monedero-Fleming

@MonederoFleming