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Los números de 2013

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 3.700 veces en 2013. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 3 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

Catedral

La sillería del coro

de madera desgastada.

Delante y detrás, vitrales.

vidriera 29630016bei7

El aire,

lleno de música y contenido en las notas, vibra.

El organista que ensaya

se detiene en un descanso.

Un instante de silencio

oscurece las estatuas

que observan desde lo alto.

Los visitantes susurran

abrazados a sus cámaras

(los flashes están prohibidos

y el interior está oscuro).

Es un lugar tan solemne que los niños, sin poderse contener,

estallan inevitables en risas mal sofocadas.

El coro, nogal suave

brillante a fuerza de roces

recoge en sí al que se sienta

en su sillería imponente.

La tracería ojival se abre hacia

el cielo exterior, incierto

-abertura para adentro,

hacia un cerrado universo-.

Aquí ya no hay criptas

o alguien las oculta,

y los laberintos

están escondidos.

Pero las estatuas, quietas, guiñan los ojos a veces.

El que se fija lo ve.

Mientras el agua bendita

Secándose está en las pilas.

Tras los dedos de los fieles

se esfumará en una nube

blanca

de vapor secreto.

catedral 18827507

Inocentes.2

 

 

INOCENTES

 

 

¿Cabe tanto dolor negro en un pecho tan pequeño?
Es tan grande el desamor.
Tan inmenso el abandono.
La crueldad tan infinita…

Me clavan saetas con sus ojos limpios.
Sufre el animal, el niño…
Su inocencia es el peaje que pagan ante el malvado.
P. Monedero-Fleming

¿Cabe tanto dolor negro en un pecho tan pequeño?
Es tan grande el desamor.
Tan inmenso el abandono.
La crueldad tan infinita…

Me clavan saetas con sus ojos limpios.
Sufre el animal, el niño…
Su inocencia es el peaje que pagan ante el malvado.
P. Monedero-Fleming

Vainas Negras- Pilar Monedero-Fleming @MonederoFleming

20080430155812-arbol22 nino_triste1Vainas negras se desgranan lentamente bajo la bruma que esconde una fiebre plutoniana. Y, no por casualidad, los niños tristes de siempre se perdieron en el juego. Esa partida amañada acabó con ellos convertidos en ceniza y en huesos ennegrecidos. El álamo triste, pelado, con otros árboles muertos, carcomida leña seca, reclama el rezo de sus responsos. Ardió el libro amarillento que registra sus nacimientos y muertes. Un aire fantasma acompaña el luto.

Madres

MADRE

Ha subido a tender la ropa ese día de verano
Y las pinzas cantan
Como canta la ropa limpia del cesto
Qué bien huele el día entre detergente y aire
Es una danza de olores
A la que se añade el sol.

días de color naranja

                                          @MonederoFleming

 

Anoche soñé con lo mismo.

Con los días de color naranja.

Empieza el verano.

Vacaciones. Los días estaban todavía sin desprecintar. Todo era posible. El verano era infinito y mis días eran de color naranja.

Eran de agua, de aire, de olor a cloro de piscina y a hoja tierna calentada por el sol, y a césped recién cortado.

Mi madre me cosía vestidos de tirantes. Yo me empeñaba en comprarme unos vaqueros. Y unas sandalias preciosas, de color naranja.

El río verde olía a limpio, a caña de azúcar. Qué gloria nadar en su agua fría y salir de ella como recién bautizada.

Nadar, nadar y nadar bajo una tormenta, los relámpagos deslumbrantes sobre la cabeza y los truenos retumbando entre la arboleda. Es peligroso.

La belleza mata al miedo.

Empapada de agua fría hasta que se acorchaban las yemas de los dedos y la carne se pone de gallina.

¡Salir del agua, corriendo a toda prisa en busca de una toalla!

La bicicleta era vieja –recuerdo sus costras rojizas de óxido- y me quedaba pequeña, pero, qué gusto recorrer con ella las sendas del pinar.

Música de cigarras, romero, espliego y tomillo exhalando su perfume caliente

entre el polvo, al atardecer.

Ahora, sobre ese pinar han construido un barrio entero.

Quedan, como avergonzados, unos cuantos pinos testimoniales.

Los días eran entonces de color naranja, y las noches, sólo con respirar hondo, eran de Terciopelo Azul, Blue Velvet.

La muerte no existía sino como vago concepto, lejano e irreal,

en los días de color naranja.

El futuro estaba lejos, esperando, empaquetado para regalo,

unos bombones de guindas que, sin advertirlo, se van quedando rancios.

El tiempo era todo lo lento que puede ser el tiempo, que es mucho o nada,

porque todavía tenían que pasar muchas cosas,

cosas para imaginar en los días de color naranja.

El mundo, nuestro mundo, sería cada vez más y más interesante.

Recuerdo una mariposa empapando de luz naranja sus alas,

posada sobre el cristal entreabierto, estallando de reflejos, de la ventana de mi habitación.

Claramente, hoy el mundo no es mío-nuestro y decepciona cada día.

El tiempo pasa muy deprisa, con el pie apretando el acelerador.

Y ya no quedan más días de color naranja.

La porcelana del váter

guarda en su alforja maldita                      sorolla2

el vómito provocado,

la negación de mi yo.