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Tercer Poema Breve

Te espío tres veces desde tres ventanas.                                                                                                                 

Si tuviera mil ventanas

te espiaría mil veces.

El amor forjado en el infierno,

en la ebriedad de la locura de los dioses,

en el engaño, la pérdida y la mentira,

no se acaba nunca, y duele.

No se acaba nunca, y pesa.

¡Tengo las manos manchadas con la sangre de mi alma!

Pero tus garras siguen brillando.

Me deslumbran.

Como siempre.                                   

Pilar Monedero-Fleming

@MonederoFleming

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HUMILLACIÓN Y AGONÍA DEL TORO

“No hay nada tan patético como una multitud de espectadores inmóviles presenciando con indiferencia o entusiasmo el enfrentamiento desigual entre un noble toro y una cuadrilla de matones desequilibrados destrozando a un animal inocente que no entiende la razón de su dolor” 

Joseph Ritson

 

 

 

El horror inesperado en la pantalla alargada del televisor

refulge,

me coge desprevenida.

No atardece todavía cuando el toro se revuelca boca arriba

entre la arena y la sangre

girando hacia mí los ojos a través del catódico cristal.

¡Y me mira!

A mí me mira, entre lágrimas,

desde atrás de la pantalla

como si fuese mi culpa.

Preguntándome por qué.

(Adaptado de Animalario 8, del libro de poemas Animalario de Pilar Monedero)

Animales en laboratorios, I

El olor de los humanos

debe ser algo asqueroso

para

quienes

saben

cierto

que es preludio del terror.

(Animalario 16, Animalario Poemas, Pilar Monedero)

Las paredes de azulejos están limpias otra vez

¡bendito desinfectante!

Menos mal que

contuvimos

a su tiempo

los chillidos de las ratas,

los ladridos de los perros

y los gritos de los monos

ante sus torsos abiertos

y mil veces recosidos,

y sus miembros amputados

y sus ojos supurantes.

Pues,

si no fuera por eso

no habría tranquilidad

en este laboratorio.

(Animalario 15. Animalario Poemas, Pilar Monedero)

Los pulgares de los monos,

las gónadas del bisonte,

las patas de los conejos,

cuernos de rinocerontes

y sangre de las serpientes.

Siempre fueron bien vendidos

por los falsos hechiceros.

Los mismos que ahora comercian

en cosméticos y cremas

y píldoras milagrosas.

(Animalario 22. Animalario Poemas, Pilar Monedero)